Hoy
en día el uso de la Internet es
imprescindible, ya que funge como medio de comunicación entre personas situadas en diferentes partes
del mundo, como una herramienta fundamental para la búsqueda información de
todo tipo y red de redes que conjunta los negocios con el ocio. Sin duda, ha
repercutido de manera trascendental en la vida cotidiana del ser humano.
No obstante, ha abierto la puerta a conductas antisociales y nuevas
formas delictivas. Los peligros de una utilización abusiva, incontrolada o
criminal de ese espacio plantean ahora, de forma imperante, la necesidad de su
regulación. Actualmente, el problema de la delincuencia cibernética es una cuestión internacional que involucra
tanto a Estados como Organizaciones Internacionales, lo que obliga a la
utilización de la cooperación internacional para la adopción de medidas
globales en tal materia, para hacer frente de manera adecuada a dicha cuestión.
En ese sentido, la Unión Europea ha sido
pionera en tal tema, no sólo en el ámbito jurídico con la Convención sobre Cibercriminalidad de
Budapest, sino también en los negocios
de la internet para lograr que los contenidos dirigidos a los niños en línea sean
seguros (a través de alianzas con google, Facebook, etc), implementando un
centro y una policía cibernética enfocados específicamente a la persecución de los
ciberdelincuentes.
No
obstante, si bien es necesario
reconocerle a la UE sus esfuerzos en tal
ámbito, es preciso que para que dicho
actor siga avanzando es necesario que actualice
las disposiciones contenidas en la Convención de Budapest constantemente y que
exista una verdadera cooperación con los países signatarios para lograr aplicar
la ley con rigor y sensatez.
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