El Jorobado de pronto al verla, se estremeció y por poco se ahoga con la cabeza de un oso de chocolate. Después de ingerir por completo tan exquisito dulce, corrió desesperado por un pasillo que parecía interminable, las lágrimas se le salían y su respiración era agitada.
Transcurrió mucho tiempo, cuando encontró un cuarto inmenso. Asustado abrió la puerta, en su interior se encontraba una cama cubierta de caramelos y ranas hechas de jengibre. Buscó a tientas el interruptor de la luz, pero no lo encontró. Sus pupilas parecían estar dilatadas y el miedo en él aumentaba.
No sabia que hacer, pero después de unos segundos procedió a esconderse debajo de la cama. Todo estaba oscuro, había mucho polvo y cajas por doquier, las destapó pero no pudo ver su contenido. Sacó lo que parecía ser una frazada de una caja y con ella se tapó. El sueño poco a poco lo venció y en cuestión de unos segundos empezó a soñar…
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