domingo, 18 de marzo de 2012

El Jorobado. Final

Entonces reinó la anarquía, ya nadie obedecía al rey,  ni si quiera su más sumiso sirviente. Todos cambiaron la amabilidad y la hospitalidad por la maldad, su alma fue oscura y sus pensamientos también. Tanto que entraron al palacio hasta la cocina, buscando la probadita de cielo, pero no hallaron nada. Luego fueron hacia la habitación del Rey Jorobado y lo sacaron rodando, pues fue imposible que éste caminara por si sólo. Lo llevaron hasta el bosque endulzado y lo dejaron a su suerte.

El Jorobado  estaba asustado,  no sabia que hacer, gritó pidiendo ayuda pero nadie lo escuchó. A lo lejos escuchó que alguien decía… cuatro, siete, veinticuatro, ochenta y siete, a ese regordete jorobado le tiramos los dientes… tuvo tanto miedo que arrastras se escondió dentro de un enorme árbol. No pasó mucho tiempo cuando en el interior del árbol un enorme resplandor apareció,  era nada más y nada menos que la paleta con centro líquido (la cual fungía el papel de una bola de cristal)  que había ido en su búsqueda.

El Jorobado le pidió ayuda, pero la paleta no podía hacerlo, sólo podría mostrarle su pasado, así que le reveló la verdad. Le indicó sutilmente que “… un burócrata es malo por excelencia, que pertenecen a un sistema enfermo y rapaz, que todo el que entra a formar parte de éste se corrompe, hasta el  más bueno…” el Jorobado le dijo a gritos que era mentira, que no creía nada.

A lo que la paleta contestó, mira fijamente en mi interior y comprobarás que digo la verdad.  Así lo hizo el Jorobado y una especie de película sobre su vida surgió. En ésta se mostraba tal cual, nunca fue un ser humano preocupado por hacer bien su trabajo, siempre fue una bestia, lo que algún día creyó recordar no fue más que una fantasía  de su mente trastornada, por el  consumo excesivo de estupefacientes y de garnacha mantecosa que suplantó su cerebro.

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