Ciertamente una tarde soleada y calurosa el Jorobado subió al techo del reino (que es un algodón de azúcar) y se sentó en una silla de caramelo. Miró hacia el horizonte y pudo notar que el cielo estaba hecho de malteada de vainilla y el sol era un enorme hot cake con mantequilla. Todo ello, le causó una inmensa hambre, tanta que pidió a su súbditos construyeran una alberca de 30 metros de ancho por 55 de largo y 1000 de profundidad, para que cuando lloviera se llenará de tan exquisita bebida.
No pasaron muchos días cuando del cielo empezaron a caer gotas de batido de vainilla. Poco a poco el estanque se llenó y el Jorobas ordenó entubar el preciado líquido hasta la cocina, para que el encargado (un oso de chocolate llamado Roger) de tal sección, todas las mañanas, tardes y noches le llevara hasta su habitación un vaso de malteada acompañado de galletas de margarina con chispas de chocolate. Por años Roger le llevó de desayuno, comida y cena, lo mismo.
Pero, un día producto del excesivo consumo, el Jorobado no pudo caminar más, su joroba había crecido, sus pies se ensancharon, sus ojos apenas se le notaban y el colguije que llevaba difícilmente se podía observar, pues los kilos de carne entre su papada, cuello y su pecho lo tapaban. Aun así el Jorobado no dejó de comer, al contrario postrado en su cama vino a su mente una aterradora y maléfica idea… crear “Chubbylandia”…
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